látigo Luis Enrique
@SeFutbol

ESPAÑA. Luis Enrique manda en plaza. El nuevo seleccionador nacional ha comenzado su trabajo al frente de La Roja con pie firme. Como ya lo hizo en su etapa al frente del Celta y del Barcelona. Pan y zanahoria. Cercanía y normas estrictas. Y como no, subido a un andamio -simple estructura vertical- para ver los entrenamientos de sus jugadores. Con el látigo en mano.



Tras la tormenta generada por la primera lista, truenos por la ausencia de Jordi Alba y Koke, llegaba la hora de ponerse el mono de trabajo. Y cuando se habla de trabajo sale el Luis Enrique más estricto. Normas para los jugadores y la convivencia. Pero antes de sacar el látigo, la cercanía necesaria para que lo que estaba por llegar no levantara muchas ampollas. Bromas, diálogos, aplausos en los entrenamientos, ejercicios físicos al lado de sus pupilos…

Destacada ha sido la cercanía con los jugadores del Real Madrid. Broma para Sergio Ramos el primer día, aplausos para Nacho tras un gol del central en la primera sesión, mimos para Isco Alarcón… Congeniar con los jugadores del equipo al que perteneció, pero del que después renegó. Quizá para favorecer la convivencia… pero esta vez de puertas hacia fuera.

El látigo del Lucho

Normas para los jugadores de La Roja. Se pueden resumir en cinco puntos. La más llamativa es la prohibición de utilizar el teléfono móvil en comidas y cenas. El objetivo es que los jugadores se conozcan más y estrechen lazos. Cohesionar el grupo y que esa fortaleza se transmita en el terreno de juego. Segunda, los horarios de entrenamiento se adelantan. Tercera, que las sesiones serán a puerta cerrada. Látigo para los medios de comunicación.

Cuarta norma, no habrá tardes libres para los jugadores. Se dedicarán a charlas y visionado de vídeos en los que -lógico- tampoco se permitirán los móviles. Quinta y última, evitar las escalas en los viajes que realice el combinado nacional. Antes había horas libres y Luis Enrique quiere que tampoco haya distracciones en este aspecto. El asturiano ha sacado el látigo. Los jugadores asumen el nuevo escenario y miran al andamio donde les observa el nuevo seleccionador nacional.

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