Ahora, marcar goles en los últimos minutos es un premio

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@VillarrrealCF

Se ha dado la vuelta a la tortilla. De cazador a ser cazado. En marcar goles en los minutos finales. En el curso pasado, el Real Madrid era una máquina de hacer goles en los últimos minutos. Dianas resolutivas que le valieron para ganar o empatar partidos. Sergio Ramos se hinchó a meter unos cuantos. Un año después, se los meten al equipo blanco. Ya pasó ante el Betis y Fuenlabrada. Y en esta semana, triple. Ante el Celta, pero sobre todo, frente a Numancia y Villarreal. Por cierto, un golazo de Fornals.

Lo que en su día era flor, potra o suerte, ahora es mérito, acierto o premio. Desternillante. Ya no es cuestión por causas sobrenaturales. Así lo ven los que no asimilaban los triunfos agónicos merengues. Unos especialistas en desvirtualizar la realidad. Ampararse en esos tópicos era un pobre análisis. Les retrataba. No asimilaban ver ganar al Real Madrid. Si antes pensaban que marcar goles en los minutos postreros era por una cuestión de flor deberían ser consecuentes y mantenerse en la misma línea.

Les fastidiaba y jorobaba que el Real Madrid ganase y fuese fiel a sus valores. “¡Hasta el final, Vamos Real!”. Una máxima que tuvo una copia. El “Nunca dejes de creer”, la versión del entrenador de más de uno. Que no vacilan en etiquetar de mérito, fe, acierto o premio cuando se lo anotan al cuadro blanco. De traca. Que disfruten…

Más goles al final en contra y menos goles en córners

Las lanzas se han tornado en contra. El fútbol es así de caprichoso. Como que el Real Madrid haya perdido efectividad en los saques de esquina. No se entiende esto. Como que se opte en numerosas ocasiones a jugarlos en corto en vez de realizar un centro directo.

Y lo caprichoso que es el fútbol. El Real Madrid lanzó 11 contra el Villarreal. No supo y no pudo dar un zarpazo. Y tras el lanzamiento del último se gestó en una contra el gol del ‘Submarino Amarillo’. Mérito del equipo de Calleja. Gran jugada. Un equipo que supo jugar sus cartas. Sacar tajada tras encomendarse a un inspirado Sergio Asenjo, el poste de Cristiano, y pillar en una contra a un Madrid volcado . Buscando marcar un gol en los minutos finales. Por sus valores. No por cuestión de flor o a esperar que sonase la flauta. Otros, se contentan con amarrar un punto.

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