Si te independizas, te independizas

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El Barcelona apoya la independencia de Cataluña
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No hay nada peor en este mundo que creerse uno sus propias mentiras. Es como ir en dirección contraria en una carretera y pensar que son los demás quienes están equivocados. La transversalidad de cualquier entidad debería ser regla general salvo la causa o finalidad por la que se gestan. En el caso que nos ocupa, el Fútbol Club Barcelona tiene una ingente cantidad de seguidores en Cataluña, en España y en el mundo de una plural ideología y múltiples credos. Solo el barcelonismo les une. Cualquier otra cuestión es atentar contra parte de su masa social. Hablar en nombre de la totalidad cuando un pensamiento solo representa a una parte es un craso error. Portar esa bandera, por otra parte minoritaria –ingente, pero minoritaria-, es destrozar algo que no hace muchos años podían llevar con orgullo allí: su seny.

El Fútbol Club Barcelona sí que está demostrando esta vez ser ‘más que un club’. Se ha convertido en un agente político que no social. Está representando a una parte que hace mucho ruido, que ha tomado la calle, que se salta todas las leyes y sentencias judiciales y que está dispuesta a declarar una independencia apelando a su peculiar sentido de democracia, término que han retorcido y pervertido (nunca mejor el eslogan de “lo llaman democracia y no lo es”).

Porque lo cierto es que dos de cada tres catalanes (el 62% de los electores) no apoyó a los separatistas (sin meternos en el plurivoto o el escrutinio sectario y torpe con más votos que votantes). Blanco y en botella: el SÍ obtuvo el 90% de votos con una participación del 42%. Es decir, el 10% votó NO (un 4,2% del censo) más el 58% de los que no se acercaron a las urnas. Posiblemente los datos de la realidad se asemejen más a las últimas encuestas que daban que la sociedad catalana prefería, por ligera ventaja, mantener a Cataluña en España.

Incoherencias y mentiras

Eso sí, el Barcelona, el mismo que apoya el procés y llena el Camp Nou de esteladas, aboga por la independencia pero quiere mantenerse en la Liga. En esta triste y delirante historia Bartomeu ha llegado a manifestar que serán los socios culés los que decidan en qué Liga jugar. Un engaño más a catalanes y barcelonistas. Se autoinvitan a casas sin que el anfitrión les haya cursado la misma.

Saben que la salida de la LaLiga hundiría al club, pero se aferran a la quimera de no estamos pero estamos. Son tan incoherentes que quieren quedarse con lo mejor de cada casa sin precio alguna. Piensan en ser el equipo señero de un país independiente pero jugando la Liga del Estado que les ‘oprimía’. No sé lo que es peor. O están abducidos o mienten a su afición tanto o más que sus políticos separatistas cuando manifiestan su permanencia en la Unión Europa pese a que la UE les ha dicho por activa y por pasiva que estarían fuera de ella con una declaración unilateral de independencia.

Una ruina para todos, sobre todo para el Barça

En la última temporada el club culé recibió por derechos de televisión en torno a 150 millones de euros de los casi 700 que tiene de presupuesto. Es imposible que cualquier operador de televisión llegara a esas cantidades en una Lliga catalana. Hay que suponer que también los ingresos por abonos y taquillas se reducirían (aparte del derbi barcelonés los partidos más importantes serían contra Girona, Nástic, Lleida o Sabadell).

Los ingresos en publicidad también bajarían. Habría fuga de estrellas, menos márketing, menos ventas de camiseta… menos ingresos. Un círculo vicioso en una espiral hacia el infierno. Ni siquiera podrían esperar que una ayuda ingente de la Generalitat supliera ese déficit… La Unión Europea, en virtud del derecho a la competencia, impide ayudas gubernamentales a los clubes.

Además, se supone que algo tendrían que decir el resto de clubes españoles. Es evidente que la pérdida del Clásico (uno de los eventos más seguidos del planeta) afectaría, a nivel económico, a la competición en general. Cada equipo en particular también notaría la ausencia del partido contra los culés. Pero el potencial de la Liga española en Europa seguiría siendo bastante elevado.

Baste recordar que en la última década el Real Madrid ha ganado tres Champions, aparte de las dos Ligas Europa y dos finales de Liga de Campeones del Atlético, las tres Europa League del Sevilla, la final del Athletic en la segunda competición y las nueve presencias en semifinales de distintos equipos –sin el Barcelona- pero incluyendo a Villarreal, Valencia o Celta. O sea, la Liga española podría mantener las cuatro plazas en Champions, o al menos tres en el peor de los casos.

El camino hacia la mediocridad

Cataluña, si se diera el caso de que la UEFA la reconociera, debería empezar de cero en el ranking, como lo hicieron Kosovo o Gibraltar. O si buscan una mayor similitud es lo que les pasó, por ejemplo, a Ucrania (solo Rusia heredó la puntuación de la URSS), Croacia e incluso República Checa y Eslovaquia (tuvieron que hacer borrón y cuenta nueva pese a que se escindieron pacíficamente).

Todos perdieron la puntuación lograda bajo la anterior bandera. Sería un trayecto más o menos largo –con el coste y ruina financiera que supone- en el que al final del camino sería difícil ver a Cataluña estar en los primeros puestos del ranking. Lo probable es que fuera de nivel medio, con un Barcelona jugando fases previas, con el riesgo de eliminación que conlleva. Y claro, nunca sería cabeza de serie.

Además, cabe recordar que de las 25 Ligas de Campeones solo dos no las ha ganado un club perteneciente a uno de los grandes países: España (10 -seis del Real Madrid-), Italia (5), Inglaterra (4), Alemania (3) y Francia (1). Las dos que faltan son las del Ajax (1995, hace 22 años y con una población de 17 millones) y el Oporto (2004, hace 13, con un país más poblado -unos 10 millones, o sea casi un 50% más que Cataluña- y una Liga más potente, baste nombrar a Benfica y Sporting de Lisboa).

Plaza ‘champions’ libre si te independizas

Decíamos que también algo tendrían que decir el resto de clubes. La LFP y otros organismos deportivos españoles ya han sentenciado que la salida de España supone la salida de sus Federaciones y por ende de sus competiciones. ¿Le interesa a Atlético, Valencia, Sevilla, Athletic, Villarreal, etc. un Barcelona en la Liga española? Aparte del componente emocional de sus aficiones, que no acogerían de buen grado al equipo culé, es más goloso y rentable un puesto en Champions que una taquilla de un partido.

Además, se supone que no sería solo hacer una excepción con el Barcelona. Lo suyo hacer el mismo gesto con todos los equipos catalanes y también los árbitros. ¿Una independencia total -además a las bravas- salvo en el plano deportivo? ¿Se imaginan un árbitro catalán dirigiendo un Real Madrid-Atlético? ¿Seguiría jugando el Barça republicano la Copa del Rey? ¿Exigirían que sonara ‘Els segadors’? Un poquito de seriedad.

Es difícil pensar que con la que está cayendo, con una declaración unilateral de independencia en cualquier momento, el Parlamento español perdiera el tiempo reformando de manera exprés la Ley del Deporte para equiparar el estatus de Cataluña con Andorra. Aunque con los políticos que hay en este país todo es posible.

Cataluña no es Andorra, Mónaco ni Liechtenstein

Lo cierto es que ningún equipo de un país con 7,5 millones de habitantes juega en otra Liga que no sea la suya. Los casos son excepcionales y de países diminutos (el Mónaco en Francia o el Vaduz de Liechtenstein en Suiza). Lo de Gales no cuenta. Lo primero porque los equipos galeses jugaron en la Liga inglesa antes de que naciera la Liga galesa. El segundo es porque Gales, no se olvide, es parte del Reino Unido.

Cuando uno pretende independizarse, y encima lo hace de mala manera, debe acarrear con todas las consecuencias. No se habla de un hecho pactado como cuando uno se va de casa pero mamá te permite llevarle la colada, arrasar con su nevera o salir de la visita semanal al hogar paterno con tuppers de comida casera para toda la semana.

No, aquí se está haciendo apelando a la democracia mientras se señala y amenaza a políticos contrarios al procés. El Barcelona ha elegido a quien representar. Debería aprender de la transversalidad demostrada por el Espanyol. No se ha alineado con nadie y respeta a todos. Lo malo es el futuro que le espera al equipo que nació en contestación a la cantidad de extranjeros que tenía el Fútbol Club Barcelona. Seguro que en esa Arcadia feliz de los separatistas le censuran en un futuro el gentilicio del “país que les roba”.

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